¿Por qué abandonamos a veces tan pronto nuestros propósitos?

¿Qué es lo que falla y por qué fracasamos?

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestras probabilidades de éxito y que se nos haga más llevadera la puesta en práctica constante y disciplinada de aquellas pautas que nos acercan a nuestras metas?

La importancia de elegir bien nuestros propósitos

La primera pregunta que nos tenemos que plantear es la siguiente: ¿Son míos los propósitos que me hago? ¿o tal vez me marco objetivos cuya finalidad es ajustarme a las expectativas de otras personas para estar «a la altura» o, en último término, obtener aceptación?

Debemos estar atentos a si lo que nos proponemos responde de verdad a nuestros intereses reales de perfeccionamiento y mejora como individuos y no es un instrumento encubierto de dependencia emocional hacia otra persona o grupo de personas. Esto no quiere decir que en nuestros propósitos no puedan estar involucrados los demás como parte del objetivo. Se trata de que, en último término, nos aseguremos de perseguir algo que, directa o indirectamente, sea bueno para nosotros (lo cual no excluye ni mucho menos que lo sea también para otros).

Esta sintonía con nuestras aspiraciones personales de mejora va a reforzar la imprescindible interiorización del propósito y nos va a brindar la convicción necesaria para que a la postre podamos sobrellevar las dificultades y seamos capaces de mantener alta la motivación. Pero, sobre todo, va a garantizarnos que, en el caso de que finalmente hagamos realidad lo que nos hemos propuesto, obtengamos una satisfacción auténtica y nos sintamos realmente bien con nosotros mismos.

El primer paso hacia el éxito es escoger bien los propósitos que nos marcamos

En el campo de la salud es cierto que los propósitos que nos hacemos muchas veces vienen dados a partir del consejo cualificado de un sanitario. No obstante, lo habitual es que este consejo nos llegue porque hay algo que objetivamente no funciona bien en nuestra salud: no dormimos bien, tenemos sobrepeso, no practicamos ejercicio físico, fumamos o una analítica revela que nuestra glucemia está descontrolada o hay un exceso de triglicéridos o colesterol en sangre, poniendo en serio riesgo nuestra calidad de vida, cuando no nuestra propia vida. En estos casos los propósitos son fácilmente interiorizables, aunque sea tan sólo por una cuestión de supervivencia.

Pero… ¿y los demás? ¿Es realmente bueno para nosotros todo lo que nos proponemos? Sin entrar en detalles ni ejemplos, lo que quiero es poner el acento en que es muy conveniente descartar que la meta autopropuesta tenga un origen ajeno a nuestros intereses reales. Sobre todo para evitar invertir energía y esfuerzos en algo que a la postre no nos vaya a reportar una satisfacción personal o un bien real.

¿Cuándo empezar?

Otra cuestión a dirimir es cuándo empezar. ¿Cuándo es mejor ponerse manos a la obra y dar el primer paso para mejorar ese aspecto personal que te afecta?

En mi opinión, sólo hay una respuesta posible y es bastante sencilla. El mejor momento para ponerse en marcha es siempre AHORA. Si ahora es cuando has tomado conciencia del problema o de la aspiración, para qué esperar más.

Buscar fechas señaladas como año nuevo, las vacaciones o esperar a que desaparezca cierta circunstancia de tu vida que te está absorbiendo energía en estos momentos no son sino formas encubiertas de procrastinación, es decir, de postergación y abandono de lo que realmente es importante para ti ahora.

Si además los motivos por los cuales crees que no es el momento adecuado escapan a tu control, date cuenta de que en realidad lo que estás haciendo es poner las riendas de tu vida en manos de otras personas o del destino. Y convendrás conmigo en que esto no es lo mejor para ti.

Otra cosa diferente es que dentro de la estrategia para abordar tu propósito puedas planificar unos plazos y que necesites una fase de preparación previa a la implantación de los nuevos hábitos, que a su vez, puedan requerir ser introducidos progresivamente.

El mejor momento para empezar a perseguir nuestro propósito es siempre ahora

Antes de empezar

Lo que debemos evitar es rendirnos antes de empezar. A veces nos bloquea el miedo al fracaso y esto hace que ni siquiera lo intentemos. O que, cuando nos atrevemos, lo mantengamos en secreto para evitar tener que dar explicaciones en caso de fracasar.

No vale con decirse «no puedo, es muy difícil…» porque, aunque efectivamente algunos propósitos son más difíciles que otros y realmente no siempre podemos tener la certidumbre de si finalmente los vamos a hacer realidad, lo que indudablemente siempre está de nuestra mano es intentarlo, ponernos a ello.

Y apostar por nosotros mismos, invertir nuestra energía e ilusiones en la mejora y el crecimiento personal son en sí mismo logros que realzan nuestra existencia y contribuyen significativamente a nuestro bienestar. Hacer del perfeccionamiento personal basado en valores un modus vivendi es en sí mismo una virtud a desarrollar.

Otra posicionamiento también contraproducente es vivir en un continuo «tengo que…» improductivo que a modo de run run no va a hacer sino socavar nuestra autoestima.

O nos ponemos o no nos ponemos. Si no nos vemos capaces de abordar el reto, lo mejor es dirigir nuestra atención hacia otra meta, al menos temporalmente, hasta que nos veamos más capacitados para acometerlo.

Hacer del perfeccionamiento personal basado en valores un modus vivendi es en sí mismo una virtud a desarrollar

Finalmente, un último paso previo útil puede ser hacer una valoración escrita lo más completa posible de la situación actual, que abarque tanto información objetiva como motivaciones y emociones actuales en relación al propósito. Este registro inicial puede venirnos muy bien más adelante para advertir los avances y para renovar el impulso y la determinación cuando aparezca alguna dificultad. Es muy fácil abandonar el reto a la mitad cuando aparecen piedras en el camino y restarle importancia a la empresa, «olvidando» o menospreciando los motivos originales que nos condujeron a embarcarnos en ella.

¿Cómo abordar la tarea?

A continuación enumero algunas ideas basadas en mi experiencia personal que te pueden ayudar a conseguir lo que te has propuesto.

  • Concreción

Trata de concretar lo mejor que puedas aquello que quieres conseguir. Te ayudará a orientar tus esfuerzos y a valorar tu progreso. Si tus aspiraciones son complejas, es mejor descomponerlas en metas parciales y embarcarte en ellas de una en una.

Puede ser de gran ayuda poner desde un principio por escrito los propósitos.

  • Realismo y capacidad de influencia

Tampoco te olvides de ser realista y pretendas lo imposible proponiéndote cosas que escapan a tus capacidades.

Tampoco te propongas cosas que vayan más allá de tu campo de acción, es decir, que su consecución no dependa solo de ti sino de lo que hagan otras personas.

  • Planificación

Una vez que tengas claro qué es lo que te has propuesto elabora tu plan de acción.

Analiza si tienes ya todos los recursos o conocimientos necesarios para empezar. De lo contrario, empieza por ahí.

Trata de planificar tus objetivos parciales de forma detallada en el tiempo. Esto evitará que el proceso se eternice, se disperse tu energía y que entres en una suerte de abandono en la acción. Además facilitará valorar los avances, recapitular lo alcanzado en el tiempo y, en definitiva, no perder la perspectiva del proceso.

  • Apoyo exterior

Es importante tener en cuenta que a veces puedes necesitar ayuda para conseguir lo que te has propuesto. O al menos el respaldo y la comprensión de quienes te rodean.

Por ejemplo, si lo que quieres es perder peso, es posible que te venga bien apoyarte en el consejo profesional de algún nutricionista porque tal vez de lo que se trate no sea simplemente de comer menos sin más (lo cual a veces no es la solución y hasta puede ser perjudicial) sino de comer mejor.

¿No has pensado que tal vez pueda serte de gran ayuda una persona especializada en el aprendizaje de nuevos hábitos? Quizás sea una buena idea recabar el apoyo profesional de un psicólogo para afrontar los retos que te estén resultando especialmente difíciles. Su consejo profesional cualificado es muy valioso en estos casos.

Además el dejarte acompañar en el proceso acentúa el compromiso con tus intenciones.

  • Control ambiental

Trata de analizar las situaciones que te alejan de llevar a la práctica tu propósito para intentar manejarlas mejor, planificando y construyendo un ambiente favorable y evitando exponerte a lo que te perjudica.

Cuando la situación obstáculo sea inevitable o ajena a tu control, al menos trata de estar alerta y busca estrategias que te ayuden a afrontarla con éxito.

  • Registro o diario

Intenta llevar un registro de la evolución y de cómo te sientes en relación al avance o al estancamiento. Esto te dará una visión más objetiva del proceso y evitará en cierta medida el autoengaño.

Decir «estoy a dieta» o «estoy haciendo deporte» queda muy bien pero ¿es realmente cierto? ¿Son cuantitativamente significativos los cambios que has introducido en tu rutina para que surtan efecto y efectivamente te estén acercando a la meta perseguida?

El registro en esto ayuda mucho. Pero cuidado con obsesionarte…

Algunas consideraciones finales

No quisiera terminar este artículo sin hacer unas últimas reflexiones.

  • ¿Y si fracasas?

Debes tener siempre presente que el fracaso es la base del aprendizaje. Quien nunca se equivoca no aprende. Y abordar el reto de un propósito no es otra cosa que un aprendizaje (o desaprendizaje, que a los efectos es lo mismo).

Si tropiezas, te levantas, miras la piedra y procuras prestarle más atención al camino en adelante, buscando la forma de vencer el obstáculo la próxima vez que se presente.

Y habrá tropiezos. Seguro…

  • Vive en el presente

Otra cuestión de vital importancia es centrarse en el proceso, viviendo siempre en el presente, día a día, momento a momento. Trata de ser consciente del viaje hacia tu objetivo en la medida de lo posible y presta atención a lo que ocurre dentro y fuera de ti conforme avanzas.

A veces, más que el propósito en sí, lo que importa es el camino seguido para alcanzarlo, porque en último término el camino es tu propia vida. El camino es real y está aquí y ahora. El propósito solo en el futuro y en tu mente…

  • Sé paciente

Recuerda tener paciencia, especialmente contigo, brindándote en todo momento comprensión y tolerancia hacia tu propia persona.

No te castigues ni desprestigies. Evita descalificaciones del tipo «nunca lo voy a lograr», «soy un desastre» o «si ya me lo decía mi madre» que no te van a llevar a ninguna parte.

  • Persevera

La clave del éxito es no rendirse. Para conseguir algo tienes que, por encima de todo, ser perseverante.

Innumerables fábulas pueblan la literatura universal de todos los tiempos enfatizando el valor y la virtud de la perseverancia. Por algo será…

No te olvides de que el camino, tu vida, es lo único real, aquí y ahora. El propósito solo está en el futuro y en tu mente…

Y ahora… ¿A qué esperas para ponerte en marcha?

Tus propósitos te están esperando.