La mayoría de los clientes de nuestra farmacia son personas mayores. Y, tras más de dos décadas de estar en contacto con ellos, sólo se me ocurre darles las gracias. Gracias porque de ellos se aprende siempre cosas nuevas que uno desconoce y porque además muchas veces nos recuerdan que cualquier tiempo pasado no fue mejor precisamente.

En la farmacia tenemos cientos de anécdotas contadas por ellos. Tratarlos a diario es una experiencia que nos enriquece a todos. Es cierto que cada uno tiene una forma de ser diferente y que la atención que merece cada cual siempre es personal e individualizada.

Detrás de cada uno hay una historia que no siempre es agradable de oír por la dureza de la misma, pero si escuchas atentamente siempre es posible sacar algo positivo. Además, la persona que te la está contando se desahoga y establece contigo una relación de confianza, que particularmente pienso que es de lo que se trata.

Viejo, mi querido viejo,
ahora ya camina lento,
como perdonando al viento.
Yo soy tu sangre, mi viejo;
soy tu silencio y tu tiempo.

José Tcherkaski (1969)

La palabra «viejo» suena despectivo, que no sirve, casi que estorba y está pasado de moda… Nada más lejos de la realidad. Nuestros mayores nos enseñan día a día a ser positivos y a perderle el miedo a la vida. Ellos se levantan con ganas de beberse la vida. A pesar de sus dificultades, salen, pasean y nos demuestran que ellos también tuvieron y vivieron muchas crisis y salieron de ellas.

De una manera o de otra, pero aquí están. La mayoría con plena lucidez transmitiéndonos su sabiduría y experiencias adquiridas con el paso de los años y otros perdidos buscando entre sus recuerdos. Aprovecho para hacer una mención especial a estos últimos, a sus familias y a sus cuidadores que hacen más llevaderas sus vidas.

Mi labor en la farmacia me permite intentar hacerles su existencia un poco más fácil. A través de la buena palabra, el cálido respeto o el consejo acertado. Como centro de salud y bienestar, es nuestra responsabilidad mejorar en la medida de lo posible su calidad de vida.

Recuerda siempre que con suerte tú también serás mayor y merecerás respeto, dignidad y, sobre todo, cariño.

Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.

Pitágoras

Foto superior: liensal en freepik.es