Uso racional de los antibióticos

El mal uso de los antibióticos está creando resistencias en los microorganismos patógenos frente a los mismos a nivel mundial. Es un problema grave que preocupa a la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya que muchos de ellos están demostrando ser ineficaces para el tratamiento de enfermedades bacterianas que tradicionalmente respondían al tratamiento antibiótico.

En nuestro organismo viven bacterias y no todas son infecciosas. Cuando tomamos antibióticos sin que nos hagan falta o de forma inadecuada, las bacterias pueden hacerse resistentes a los mismos de modo que, ante infecciones causadas por tales bacterias que han desarrollado resistencia, el antibiótico deja de ser eficaz.

Un hecho que no siempre es conocido es que los antibióticos sólo son útiles en el tratamiento de infecciones bacterianas, siendo totalmente ineficaces frente a los virus. No curan, por tanto, enfermedades víricas tales como gripes, resfriados o catarros. Incluso puede resultar perjudicial para la salud usarlos en estos casos.

Los antibióticos no son eficaces frente a infecciones víricas como gripe o resfriado

Las autoridades sanitarias recomiendan siempre evitar automedicarse con antibióticos. Debe ser un médico el que determine siempre si son necesarios y cuál es el más adecuado para la infección que se presenta en cada caso particular.

Por este motivo, los antibióticos son medicamentos para cuya dispensación en la farmacia es obligatorio presentar receta médica. La normativa legal es clara al respecto. La ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, aprobada en julio del 2006, califica de falta grave en su articulo 101.16 «dispensar medicamentos o productos sanitarios sin receta cuando ésta resulte obligada».

¿Para qué sirven los probióticos y cómo funcionan?

Una vez que el médico haya prescrito el antibiótico, hay que tener en cuenta que éste puede atacar no sólo a las bacterias responsables de la infección que se quiere tratar, sino que también puede afectar a  la flora bacteriana intestinal, con el consiguiente desajuste y las molestias asociadas. Para paliar estos efectos indeseados, suele recomendarse la administración de productos que contengan probióticos y prebióticos. ¿Qué son y cómo funcionan?

La flora bacteriana intestinal o microbiota es un hábitat de muchos microorganismos, bacterias principalmente, que se han adaptado a la vida en las mucosas y en la luz del tubo digestivo. Participa en diversos procesos fisiológicos, como la digestión y movimientos del tubo digestivo, así como en la producción de algunas vitaminas y aminoácidos. Una flora bacteriana equilibrada contribuye a la creación de un ambiente desfavorable para el crecimiento de las bacterias patógenas. También existen otros microorganismos que transitan temporalmente y se van modificando a lo largo de nuestra vida, influenciados por distintos factores. Nosotros como huéspedes les proporcionamos hábitat y nutrición.

La flora bacteriana intestinal participa en el proceso de la digestión, producción de aminoácidos y vitaminas, y además nos protege frente a bacterias perjudiciales.

Los probióticos son bacterias o microorganismos beneficiosos que colonizan la flora intestinal ayudando a reequilibrarla, lo cual mejora la salud digestiva en caso de diarrea, estreñimiento o colon irritable. También refuerzan las defensas inmunitarias y en determinados casos suavizan la respuesta alérgica. En infecciones digestivas ayudan a que no fermenten los alimentos en el estomago y evitan la flatulencia y la hinchazón.

Antibioticos y probioticos (2)

Se deben tomar 10-15 minutos antes de la comida y en caso de que sigamos un tratamiento antibiótico, separar la toma de ambos al menos 3 horas.

El complemento ideal para los probióticos son los prebióticos, que son hidratos de carbono (fructooligosacáridos o FOS) que no se digieren y que sirven de alimento a estas bacterias vivas beneficiosas que habitan en nuestro intestino.

En definitiva, es muy recomendable recurrir a algún producto que contenga una combinación de probióticos y prebióticos cuando se nos prescriba un tratamiento antibiótico.

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